Que 20 años no es nada
Es menos de un segundo en el cronómetro de la Historia, medio fotograma en una película. Pero es cierto que en un cuarto de segundo la Historia puede cambiar. Algunos éramos pequeños cuando en 'el cole' nos hablaban de un muro que habían tirado, y aunque el hecho en sí mismo no nos parecía algo demasiado transcendental nos daba la impresión de que ese día había pasado algo gordo. La mía es posiblemente la primera generación que creció libre, sin miedo a la tiranía roja y en un mundo mayoritariamente libre. Para nuestros padres el día de hoy de hace veinte años seguramente significó otra cosa, y qué decir de nuestros abuelos, pero para nosotros no fue pecata minuta ni mucho menos, aunque como digo, no fueramos conscientes de ello.
El mundo de hoy es muchísimo mejor que el mundo del ocho de noviembre de 1989, pero no significa que esté ya inmunizado contra el virus del totalitarismo, la tiranía y la violencia. Ahí tenemos el terrorismo, ahí tenemos los nacionalismos racistas y totalitarios campando a sus anchas con altas dosis de desparpajo por la alfombra de la democracia contra la que luchan. Ahí tenemos al nuevo lider del PCE asegurando, angelito, que los comunistas no tienen que pedir perdón por nada, y ahí tenemos, lo cual es más vergonzante aún, a chicos y chicas de esa mi generación aplaudiendo las palabras de rencorosos nostálgicos para quienes los derechos humanos, la libertad y la democracia son prescindibles según la causa.
Hoy es una jornada para la celebración y para recordar que hubo un día en el que los hombres derribaron un muro que no estaba hecho únicamente de hormigon y hierro, pero fallaríamos si contemplásemos embelesados las ruinas dela tiranía mientras a nuestras espaldas, en nuestras propias casas y al amparo de la libertad reconquistada, los de siempre levantan poco a poco un nuevo muro de la vergüenza.
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